Participación Universidad Iberoamericana UNIBE en el X Congreso Internacional sobre tecnología de la Información, Comunicación y Educación a Distancia, CITICED 2017

Escrito por: Decanato de Innovación Educativa, UNIBE

 

 

Participación Universidad Iberoamericana UNIBE en el X Congreso Internacional sobre tecnología de la Información, Comunicación y Educación a Distancia, CITICED 2017




Estrategias Didácticas y de aspectos Evaluativos




Siete formas de aniquilar la motivación del Estudiante

 

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Por: Margarita Heinsen, M.Ed, del Decanato de Innovación Educativa de la Universidad Iberoamericana (UNIBE).


 

La motivación es fundamental en el proceso enseñanza-aprendizaje. Existen muchos factores que influyen en la motivación del estudiante para aprender y aplicar sus conocimientos, siendo el propósito principal el de asumir una actitud positiva y proactiva. La motivación intrínseca implica que el estudiante hace lo que tiene que hacer por el deseo y el placer, por el sentimiento de satisfacción y logro, no para conseguir recompensa externa (calificación o nota). “Aprenden porque les interesa la tarea o la actividad misma” (Biggs, J., 2005).

Muchas veces el estudiante inicia una clase desanimado o desmotivado pero el docente logra sembrar la curiosidad y el deseo de aprender a través de las interacciones, experiencias y actividades que promueve. Otras veces el estudiante llega muy motivado y se encuentra con clases aburridas que le desaniman. Veamos a continuación cinco formas en las que el docente aniquila la motivación del estudiante (¡y que debemos evitar a toda costa en nuestras aulas!):

  1. Usar la misma estrategia o el mismo recurso siempre. El uso abusivo o excesivo de una misma estrategia en una asignatura a lo largo del semestre puede provocar falta de interés, aburrimiento o agotamiento en los estudiantes. Incluso el uso del mismo recurso siempre, como el datashow o proyector, puede cansar. La variedad de estrategias y recursos motiva al estudiante. Cada estrategia seleccionada debe responder a un objetivo y no utilizarse por la moda o por variar sin sentido. Lo importante es el aprendizaje. La estrategia es el medio para lograrlo. 
  2. Enseñar para el examen. Muchos docentes solo se enfocan en que los estudiantes aprendan lo que va a salir en la prueba o en el examen, sin dar importancia al sentido de lo que se enseña, sin valorar el proceso o el desarrollo de las competencias que van mas allá de simplemente responder de manera correcta unas preguntas o ejercicios. Las competencias requieren que el estudiante demuestre y aplique los conocimientos, habilidades, destrezas y actitudes en situaciones reales. Si lo importante es el examen, el estudiante solo se sentirá motivado a pasar y no a aprender, a investigar, a buscar y solucionar problemas. Va a limitarse a memorizar y luego del examen a desechar u olvidar la información. 
  3. Hablar, hablar y hablar. Muchas veces el docente habla demasiado durante la clase y no promueve espacios de interacción entre estudiantes, de aprendizaje colaborativo o de solución de problemas. El estudiante retiene poco de lo que escucha (un 20% aproximadamente) y necesita oportunidades para buscar, seleccionar y utilizar la información en contextos y situaciones relevantes e interesantes. Dar oportunidad a los estudiantes de participar activamente implica más trabajo de planificación para el docente, pero vale la pena. Cuando se reta al estudiante, este se motiva y en la mayoría de los casos logra más de lo que se espera, superando las expectativas. 
  4. Olvidar el uso de preguntas y no promover que el estudiante haga preguntas. Las preguntas son poderosas. “Formular la pregunta adecuada en el momento adecuado y para el alumno adecuado exige una gran profesionalidad docente”(Sepúlveda, F y Rajadell, N. 2001). El docente debe hacer distintos tipos de preguntas y no limitarse a preguntas cerradas que solo promueven aprendizaje superficial.  “Mediante el planteamiento de preguntas adecuadas, es el profesor que ayuda a descubrir sus propias respuestas al alumno” (Benito, A. y Cruz, A. 2005). 
  5. Limitarse a las cuatro paredes del aula. El estudiante está en contacto constante con el mundo, bombardeado de información y el aula no puede convertirse en un espacio ajeno a esa realidad. No puede limitarse a trabajar los contenidos de forma descontextualizada. El proceso enseñanza-aprendizaje debe promover la interacción del estudiante con otras personas, con su medio y en espacios profesionales, usando ejemplos, casos y situaciones que acerquen al estudiante al mundo, evidenciando la importancia de su profesión. Esto motiva y promueve el deseo de aprender. Lo que sucede en el aula debe estar conectado con lo que vive el estudiante, debe tener sentido, debe responder a las necesidades e intereses existentes. No dar la espalda al mundo, por el contrario, acogerlo y sacarle provecho a las oportunidades de aprendizaje que el mismo nos brinda. 
  6. Olvidar la retroalimentación al estudiante. El alumno necesita recibir información sobre su desempeño académico con el propósito de mejorarlo en el futuro (Benito, A. y Cruz, A. 2005). Si no se promueve este intercambio entre docente y alumno en el que se busca la mejora continua, el logro de los objetivos y la información justa sobre su trabajo, el alumno se siente desorientado y desanimado. Las expectativas deben estar claras y los criterios establecidos para poder exigir al estudiante, orientándole sobre su desarrollo durante el proceso y no esperar al final cuando no hay nada que hacer y ya el estudiante se siente frustrado.
  7. Mostrar resistencia a la tecnología. En la actualidad el docente debe mostrar una actitud receptiva y abierta al uso de la tecnología. Muchos recursos y herramientas que están disponibles y forman parte de la vida de los estudiantes, pueden ser muy valiosos para el aprendizaje de conceptos, destrezas y el desarrollo de competencias. Tal y como plantean Benito, A. y Cruz, A. (2005), no podemos dejar de pasar la oportunidad de aprovechar las TICs para mejorar la enseñanza. “La introducción de las TICs no es una nueva moda, es una apuesta por la innovación” (p. 103). El estudiante se siente motivado al usar dichos recursos, siempre y cuando se utilicen de forma adecuada, tomando en cuenta que el docente no debe ser sustituido y que sigue siendo el facilitador y guía de este proceso.

 

Referencias:

  • Benito, A. Y Cruz, A. (2005). Nuevas Claves para la Docencia Universitaria. Madrid: NARCEA Ediciones.
  • Biggs, J. (2005). Calidad del Aprendizaje Universitario. Madrid: NARCEA Ediciones.
  • De Miguel, M. (2006). Metodologías de Enseñanza y Aprendizaje para el Desarrollo de Competencias. Madrid: Alianza Editorial.
  • López Noguero, F. (2005). Metodología Participativa en la Enseñanza Universitaria. Madrid: NARCEA Ediciones.
  • Sepúlveda, F. y Rajadell, L. (2001). Didáctica General para psicopedagogos. Madrid: Eds de la UNED. Pags 465-525.



Trabajo en Colaboración: estrategia por excelencia para la participación

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Por: Teresa Guzmán del Decanato de Innovación Educativa de la Universidad Iberoamericana (UNIBE).

 


 

La estrategia del trabajo en colaboración es propia de una enseñanza que intenta salirse de las prácticas convencionales y que procura la participación de todos. No se limita a cambiar los asientos de lugar, o distribuir las mesas de forma diferente a la que están dispuestas, y hacer todos lo mismo. Es un enfoque para la enseñanza sustentado en la relación de los miembros del grupo, en el nivel relacional que existe entre los alumnos y en el intercambio de saberes que puede producirse.

 

Es el trabajo en grupos pequeños, cuya composición y número, son variables a considerar según el tipo de actividad que se vaya a realizar.   La heterogeneidad de los mismos ha de estar basada en capacidades, ritmos y rendimiento. Los grupos de trabajo en colaboración procuran la interacción de todos sus miembros con el fin de lograr el aprendizaje de los contenidos y la enriquecedora experiencia de trabajar en equipo (Lago, Pujolás, Naranjo (2011).

 

Según los autores antes mencionados para poder pasar de una estructura de clase global y a la vez individualista, a otra cooperativa en la que se desarrollen valores de solidaridad y respeto mutuo y se mejoren las relaciones interpersonales y de participación social, es necesario adaptar recursos didácticos que lo permitan.

 

  • El docente debe trabajar constantemente para crear y profundizar el sentido de pertenencia al grupo, la afinidad entre sus miembros de manera que el trabajo en grupos pequeños no altere el clima del aula, como grupo mayor al que todos pertenecen. Existen múltiples ejercicios o dinámicas de grupo que pueden ser practicadas por el tutor, o profesor guía a fin de enraizar estos valores de trabajo cooperativo entre todos los participantes.
  • En segundo lugar los docentes deben poner en práctica la estrategia de trabajo en equipo como recurso. Con la certeza de que trabajando de esta forma los alumnos se ayudarán mutuamente y lograrán mejor la comprensión de los contenidos (Lago et al 2011).
  • Finalmente trabajar en equipo como aprendizaje para trabajar en equipo. Proveyendo a los alumnos de todos los recursos posibles para aprender a trabajar colaborando unos con otros.

 

Los tres ámbitos de intervención deben ser trabajados durante todo el curso y simultáneamente, con lo que se infiere que el trabajo colaborativo no logra espontáneamente sus fines, sino que es necesario crear espacios para ejercitar este estilo de aprendizaje y ponerlo en práctica cada vez con más frecuencia como la estrategia que más garantiza la participación.

El trabajo colaborativo debe comenzar con la negociación entre el docente y los miembros del grupo, de manera que para cada miembro  quede lo más claro posible cuáles son “los objetivos, el enfoque y la orientación del trabajo” (Masip y Rigol, 2011, 33).  Cada miembro del grupo debe hacer un trabajo individual que aportará más tarde al colectivo.

 

El segundo paso según los autores es la tarea común, o el producto final conformado por los trabajos realizados por cada miembro del grupo. Luego de establecerse esta pauta, el trabajo de cada miembro debe estar interrelacionado con el de los demás miembros del grupo, porque el final de este trabajo no es sumar lo que cada uno hizo individualmente sino elaborar un producto al que todos aportarán sus puntos de vista, sus experiencias, por tanto deberá existir seguramente el debate entre los miembros.

 

En esta tarea el docente se presenta como orientador, como facilitador, pues en este momento del trabajo colaborativo por lo común puede existir la confrontación en la construcción del aprendizaje (Bixio, 2003).  El profesor es un miembro más del grupo expositor pero también es el guía, es el animador, es aquella persona capaz de ver lo mejor del desempeño de sus alumnos y debe estimular con su atención, con la importancia que dé al fruto del trabajo de sus alumnos, el desarrollo de todas las competencias que permitan aprender en colaboración.

 

Precisamente la mayor dificultad del trabajo colaborativo reside en la falta de entrenamiento para realizarlo por parte tanto de los alumnos como de los profesores y no saber con claridad que es lo que se espera de esta forma de trabajo. Los docentes tienen dificultades en organizar este trabajo, sobre todo en la gestión de responsabilidades: que cada miembro del grupo sepa qué es lo que le corresponde hacer.

 

La comunicación entre los miembros provoca el flujo de intercambios. “El trabajo en solitario o la misma presencia del maestro, muchas veces no permiten desatar los nudos que impiden un desarrollo provechoso de la vida escolar”. (Iglesias, 2004, 101) El entusiasmo de la labor conjunta, cuando existe comunicación, puede favorecer la culminación de la tarea con éxito. “La heterogeneidad extrema dificulta la comunicación” (Masip y Rigol 2011, 34).

 

Los alumnos que tenemos en el aula, los adelantados, los traviesos, los que requieren más tiempo, todos, tienen experiencias que pueden compartir en un momento determinado para solucionar una situación curricular, pero esto solamente ocurrirá si está creado el ambiente propicio de colaboración, de armonía en el que los alumnos no se sientan coartados.  En esta estrategia de trabajo, es importante al formar los grupos, respetar las relaciones preexistentes que puedan beneficiar el desempeño de cada miembro, así como diseñar la tarea colaborativa lo más atractiva posible según los intereses de los alumnos.

 

 

PREVISIONES PARA LA COLABORACION ENTRE ESTUDIANTES

 

Los grupos de trabajo colaborativo deben gozar de autonomía para elegir la forma en la que van a buscar información y cómo van a trabajar. Si se crearan conflictos que los alumnos no pudieran resolver por sí mismos, es responsabilidad del docente mediar, teniendo presente que se trata de un aprendizaje complejo, en el que simultáneamente se trabaja con el currículo, con las habilidades sociales, con las relaciones intra e interpersonales y con los valores que la colaboración promueve.

 

Mientras los alumnos aprenden a trabajar con esta estrategia de colaboración y van profundizando en todos los mecanismos sociales del trabajo en grupo y adquiriendo las habilidades necesarias para trabajar en la diversidad, respetar las opiniones de los demás aunque sean contrarias a las suyas propias, y esforzarse por lograr el consenso, van incorporando también la experiencia de una forma de libertad hasta antes desconocida en su rol de alumno: la libertad de construir su propio conocimiento. Para que el trabajo colaborativo tenga significado, tiene que estar lleno de sentido para los alumnos. Debe constituirse en desafío y por ende, ser atractivo, pero a la vez no debe estar por encima de sus posibilidades ni por debajo de ellas. Debe “retar al alumno”, (Gimeno Sacristán, 2000, 33).  El trabajo en colaboración requiere del conocimiento que el docente debe tener de sus alumnos, sus intereses, sus capacidades.

 

Las actividades de trabajo colaborativo deben ser proyectadas de manera que susciten el interés de los alumnos, que requieran de sus esfuerzos y que susciten en el aula un clima de libertad en el que sean posibles los errores, las dudas, las confrontaciones. (Perrenoud 1997). Ciertamente es la estrategia por excelencia de la participación. Se está invitando al alumno a la asunción de un rol diferente. Deja de ser el agente pasivo que espera ser enseñando, para participar de la construcción de su propio proceso de enseñanza – aprendizaje.

El docente por su parte como hemos dicho anteriormente tiene ante sí una tarea compleja, en la que debe diseñar, controlar, dar seguimiento y estar siempre dispuesto a prestar ayuda cuando sea necesario, pero sin interferir y afectar  la autonomía de los grupos.

 

Un clima de colaboración en el que los más rápidos tengan oportunidad de ayudar a los otros, al mismo tiempo que extiende sus saberes y los afianza es importante que aparezca como uno de los propósitos principales de esta estrategia de participación. También se impide que algunos se queden rezagados, puesto que existe una dinámica de ayuda mutua que el docente debe incentivar, reconociendo el buen funcionamiento de los grupos y sus resultados, así como los resultados individuales aunque estos sean de diversos.

 

 

Fases del trabajo en colaboración

 

La evaluación del trabajo colaborativo

 

La evaluación debe tener dos vertientes fundamentales, la propiamente académica que será individual y grupal. Debe incorporarse a esta la autoevaluación y la coevaluación (Gavilán, 2000). La otra vertiente evaluativa es la de las habilidades sociales, pero ¿cómo evaluar este aspecto que se produce en la dinámica del grupo y a lo interno de la persona?

 

Apoyarse en el mismo grupo para la evaluación de estas actitudes, comprometiendo a los miembros en su autoevaluación y exigiendo el desarrollo de un espíritu crítico que redunde en el buen funcionamiento del trabajo colaborativo es la mejor táctica de evaluación  de las actitudes sociales, pero debe tenerse en cuenta que las habilidades de comportamiento social, también se forman lentamente y son el resultado de una multiplicidad de factores, es por ello que el desarrollo de actitudes sociales en pro de la convivencia y en la aceptación de la diversidad no debe ser generalizado, ni juzgado, sino con el mismo sentido de colaboración hay que enseñarnos los unos a los otros a convivir en la paz, respetando las particularidades pero haciendo comprender que todo aquello que nos hace iguales es mucho mayor que lo que nos hace diferentes y en ese sentido tenemos que desarrollarnos.

 

El trabajo en grupos de colaboración debe ser planificado por el docente como cualquier otra actividad que realice en el aula. Debe tener en cuenta la forma en la que va a presentar el tema a la generalidad del grupo, la motivación, la utilización de los conocimientos previos de los alumnos.

 

Debe decidir si relacionará el tema actual con los temas anteriores, o posteriores. (Giné, 2000). Las decisiones del docente en cuanto a la presentación del tema deben formar parte de un amplio repertorio proveniente de las relaciones que puedan hacerse desde el tema a los alumnos y su mundo circundante. Puede estar relacionado con el tema anterior de la clase, o con el futuro del los estudiantes, o con acontecimientos del centro o históricos. Para impulsar a los alumnos a realizar cualquier trabajo es importante lograr encender en ellos la chispa que hará mover todo el engranaje del aprendizaje.

 

Todo lo que el docente planifique debe prever un margen de tiempo para su desarrollo, en que se tengan en cuenta los ritmos de aprendizaje de los alumnos, (López Rodríguez, Sentís, 2000). Sabemos que contamos con un horario restringido de 2 – 3 horas clase, y un plan de estudio lo suficientemente parcelado de manera que una actividad no tiene continuidad con la clase y asignatura subsiguiente, por lo tanto, las actividades no deben quedarse inconclusas. Del cuidado en la preparación del trabajo colaborativo para el tiempo disponible depende parte del éxito de la actividad y esto es posible.

 

Si el docente es capaz de preparar las actividades de su clase, incluidas las de colaboración y de anotar los aciertos y desaciertos para las próximas actividades, también es posible compartir estas experiencias con los otros docentes que trabajan con los mismos alumnos. El trabajo en colaboración es un signo de la inclusión como propuesta educativa y abraza a todos los que participan de ese proyecto. Los docentes deben compartir sus experiencias (Alcudia y  Montón, 2000). No solamente de manera informal, Los directivos del centro deben idear espacios de encuentro entre los docentes para que ellos puedan compartir estas experiencias con las estrategias de trabajo colaborativo.

 

Referencias

 

Lago, JR., Pujolás P., Naranjo M.(2011).  Aprender cooperando para enseñar a cooperar: procesos de formación/asesoramiento para el proceso de CA/AC. Aula V. Revista de Pedagogía de la Universidad de Salamanca. Vol,17 Salamanca.

 

Masip, M, ,  Rigol, A. (2000).  El aula, escenario de la diversidad. ¿Cómo Hacerlo? Propuestas para educar en al diversidad. Serie Atención a la diversidad/ Educación especial. Editorial GRAÓ. Barcelona.

 

Gavilán, P. (2000).  El trabajo cooperativo: una alternativa eficaz para atender a la diversidad. Atención a la diversidad, Claves para la innovación educativa. Editorial Laboratorio Educativo. No. 6.  España

 

Gimeno Sacristán, J,(2000).  La construcción del discurso de la diversidad y sus prácticas. Atención a la diversidad. Claves para la innovaciónón educativa. Editorial Laboratorio Educativo. No. 6.  España.

 

Giné, N. (2000).  El proyecto curricular del centro y la atención a la diversidad. Atención a la diversidad. Claves para la Innovación Educativa. Editorial Laboratorio Educativo. No. 6. España.

López Rodríguez F, Sentís, F (2000).  Las adaptaciones del currículum en primaria. Atención a la diversidad. Claves para la innovación educativa. Editorial Laboratorio Educativo. No. 6. España.

 

Alcudia, R, Montón, M.(2000).  La enseñanza de la lengua. Una experiencia de atención a la diversidad. Atención a la diversidad. Claves para la innovación educativa. Editorial Laboratorio Educativo. No. 6. España.

 

Iglesias, L. (2004). Confieso que he enseñado. Papers editores. Argentina.

Bixio, C. (2003).  Cómo planificar y evaluar en el aula. Propuestas y ejemplos. Ediciones Homo Sapiens. Argentina.




La semipresencialidad, en el zapato del estudiante

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Por: Rosa María Cruz Bejarán, Coordinadora de Tecnología Educativa de la Universidad Iberoamericana (UNIBE).

 


 

 

La Dra. María del Carmen Horno Cheliz define la semipresencialidad como el proceso educativo donde se combinan una serie de sesiones presenciales (bien meditadas e imprescindibles) con un tiempo de trabajo autónomo no presencial (individual o colaborativo), donde se pueden utilizar como apoyo las tecnologías de la información y comunicación. Esta modalidad trae múltiples ventajas para las instituciones educativas, que ven en la misma una forma de renovar modelos educativos obsoletos y ajustar sus procesos académicos a las exigencias de la sociedad actual.

Por otro lado, esta modalidad se convierte para los docentes en una herramienta que les permite innovar en el proceso de enseñanza-aprendizaje, desde un mayor manejo del tiempo hasta la posibilidad de identificar mejor las necesidades individuales de sus alumnos. Con el apoyo de los entornos virtuales, la modalidad semipresencial se siente cada vez más presente en las instituciones educativas. Aulas virtuales, redes sociales, blogs, wikis y una gran cantidad de herramientas tecnológicas constituyen el soporte para sustituir los encuentros presenciales entre docentes y estudiantes.

Los tutores, desde su rol, disfrutan las múltiples ventajas que le ofrecen estos recursos: calificación automática, posibilidad de trabajar desde casa, múltiples e innovadoras actividades, mayor conocimiento de las necesidades grupales e individuales, la integración de diversos recursos audiovisuales, entre otros.  Un espacio organizado, estructurado, recursos adecuados y actividades que propicien un aprendizaje, son parte de los aspectos a tomar en cuenta.

Ahora bien  ¿estamos conscientes de cómo el estudiante valora la modalidad? ¿Hemos pensado en ellos al momento de diseñar nuestra asignatura e identificar las actividades a realizar? ¿Nos hemos colocado alguna vez en sus zapatos? ¿Nos hemos detenido alguna vez a conocer cuáles son sus necesidades, sus temores?  Uno de los factores de éxito para los tutores virtuales, es haber sido previamente un estudiante en línea. Pues sólo de esa manera se es capaz de entender la presión y miedos de los alumnos.

El éxito de todo proyecto educativo depende en igual medida del compromiso de los actores involucrados y corresponde a los docentes, diseñar y gestionar adecuadamente los cursos que se desarrollan en entornos virtuales, explicando en qué consiste, sus ventajas, implicaciones y beneficios para el proceso de enseñanza-aprendizaje.

¿Qué debemos tener en cuenta desde el punto de vista de los estudiantes?

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– Posibilidad de problemas técnicos, por tanto las actividades deben tener un tiempo prudente para su realización.

– Entrenamiento sobre el uso del entorno utilizado, ya sea aula virtual, blog, redes sociales, wikis o el que corresponda.

– Evitar una sobrecarga de trabajo en los estudiantes, desde el punto de vista de los materiales a estudiar como de las actividades a realizar.

– Mantener  presencia activa en el entorno virtual, respondiendo oportunamente a las inquietudes del grupo.

– Identificar estrategias de enseñanza que motiven la participación e interacción, que sean atractivas para los alumnos.

 

Como docentes ¿Cuántas veces nos ponemos en los zapatos de nuestros estudiantes? Sin lugar a dudas, la semipresencialidad bien dirigida y diseñada fortalece los procesos educativos. Es tiempo de contribuir con esto y de comenzar a ver en nuestros estudiantes, los verdaderos aliados en este proceso.




Flipped Classroom o Clases Volteadas

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Por: Dra. Jacqueline Rodríguez,Decanato de Innovación Educativa de la Universidad Iberoabericana (UNIBE).

 


¿Qué pasa si volteamos la clase??

 

Diciembre, exámenes semestrales, mi hijo en 7mo curso estudiando para el examen de Math (en inglés) y sin entender uno de los temas para el examen.

Yo, en este momento no soy docente, sino una madre preocupada, que a pesar de entender inglés muy bien y ayudarlo bastante, eso de dividir al revés no se me da tan fácil…..y mucho menos el asunto de las fracciones complejas que ya se me ha olvidado hasta en español!!

 Eureka! Se me ocurre una idea “busquemos un video en Youtube” ….problema resuelto, el profesor inglés (con acento británico) nos explica cómo resolver los pequeños detalles que no entendemos! Uffff…..y yo me pongo a pensar: “que fácil hubiese sido si en vez del señor que no conocemos, el video fuera de la  profesora de Eduardo, explicando la clase”.

 Entonces me vienen a la cabeza todo lo que he leído de la “Clase volteada”  o “Flipped Classroom” para aplicarlo a asignaturas como química, física, matemáticas, cálculo y todas aquellas que pertenecen a la “especie “que se caracteriza por un simple rasgo: “ la mayoría de los mortales (porque están los dotados) las entendemos perfectamente en clase y cuando el profesor desparece no podemos resolver la tarea o estudiar para el examen”.

Aquí les comento un poco sobre esta metodología que se está volviendo muy popular en otros países, con la salvedad que siempre hago cuando imparto alguna estrategia de enseñanza, no es que hemos descubierto LA ESTRATEGIA, es simplemente otra más que debe aplicarse en contextos elegidos y complementará nuestra lista de metodologías posibles para que el alumno alcance el objetivo establecido.

 

 

¿En que consiste la  “Flipped Classroom”?

Esto no es más que una forma de cambiar la forma tradicional que tenemos de dar clases. Elprofesor graba videos de la clase, con toda la explicación que usualmente imparte a sus alumnos en el aula, y la tarea consiste en ver esos videos, participar en algún foro o leer material adicional.

Para la próxima clase los ejercicios que tradicionalmente se asignan para la casa, se realizan en el aula con la supervisión y guía del docente, y de esta manera se puede detectar cuales estudiantes tienen dificultad en ciertos temas o se aclaran conceptos que no quedaron claros.

 Por supuesto que el día de estudiar para un examen, el estudiante tiene disponible todos los videos del docente y puede darle a pausa o para atrás a la explicación de la clase!

 Realmente le veo muchas ventajas a esta forma de enseñar, pues retaría al docente a utilizar su tiempo de clase presencial para actividades más activas, donde se aplique el conocimiento enseñado y donde se promueva la discusión y retroalimentación inmediata.

Por otro lado el alumno puede bajar su nivel de frustración, al estar acompañado del profesor en el momento de hacer sus tareas y tendría la oportunidad de recibir el acompañamiento adecuado por parte de él.

 Pero como todo lo que aplicamos en el aula, siempre habrá alumnos que no responden a la estrategia, por lo que no podemos pensar que todos nuestros problemas como docentes estarán resueltos, pero que tal si le damos un chance?

 Si quieren buscar más sobre este tema, pueden encontrar mucha información en internet y en mi recopilación de artículos que he guardado en Scoop.it:   http://www.scoop.it/t/clase-volteada-o-flipped-classroom

Jacqueline Rodríguez

Decanato de Innovación educativa UNIBE