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Siete formas de aniquilar la motivación del Estudiante

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Por: Margarita Heinsen, M.Ed, del Decanato de Innovación Educativa de la Universidad Iberoamericana (UNIBE).


 

La motivación es fundamental en el proceso enseñanza-aprendizaje. Existen muchos factores que influyen en la motivación del estudiante para aprender y aplicar sus conocimientos, siendo el propósito principal el de asumir una actitud positiva y proactiva. La motivación intrínseca implica que el estudiante hace lo que tiene que hacer por el deseo y el placer, por el sentimiento de satisfacción y logro, no para conseguir recompensa externa (calificación o nota). “Aprenden porque les interesa la tarea o la actividad misma” (Biggs, J., 2005).

Muchas veces el estudiante inicia una clase desanimado o desmotivado pero el docente logra sembrar la curiosidad y el deseo de aprender a través de las interacciones, experiencias y actividades que promueve. Otras veces el estudiante llega muy motivado y se encuentra con clases aburridas que le desaniman. Veamos a continuación cinco formas en las que el docente aniquila la motivación del estudiante (¡y que debemos evitar a toda costa en nuestras aulas!):

  1. Usar la misma estrategia o el mismo recurso siempre. El uso abusivo o excesivo de una misma estrategia en una asignatura a lo largo del semestre puede provocar falta de interés, aburrimiento o agotamiento en los estudiantes. Incluso el uso del mismo recurso siempre, como el datashow o proyector, puede cansar. La variedad de estrategias y recursos motiva al estudiante. Cada estrategia seleccionada debe responder a un objetivo y no utilizarse por la moda o por variar sin sentido. Lo importante es el aprendizaje. La estrategia es el medio para lograrlo. 
  2. Enseñar para el examen. Muchos docentes solo se enfocan en que los estudiantes aprendan lo que va a salir en la prueba o en el examen, sin dar importancia al sentido de lo que se enseña, sin valorar el proceso o el desarrollo de las competencias que van mas allá de simplemente responder de manera correcta unas preguntas o ejercicios. Las competencias requieren que el estudiante demuestre y aplique los conocimientos, habilidades, destrezas y actitudes en situaciones reales. Si lo importante es el examen, el estudiante solo se sentirá motivado a pasar y no a aprender, a investigar, a buscar y solucionar problemas. Va a limitarse a memorizar y luego del examen a desechar u olvidar la información. 
  3. Hablar, hablar y hablar. Muchas veces el docente habla demasiado durante la clase y no promueve espacios de interacción entre estudiantes, de aprendizaje colaborativo o de solución de problemas. El estudiante retiene poco de lo que escucha (un 20% aproximadamente) y necesita oportunidades para buscar, seleccionar y utilizar la información en contextos y situaciones relevantes e interesantes. Dar oportunidad a los estudiantes de participar activamente implica más trabajo de planificación para el docente, pero vale la pena. Cuando se reta al estudiante, este se motiva y en la mayoría de los casos logra más de lo que se espera, superando las expectativas. 
  4. Olvidar el uso de preguntas y no promover que el estudiante haga preguntas. Las preguntas son poderosas. “Formular la pregunta adecuada en el momento adecuado y para el alumno adecuado exige una gran profesionalidad docente”(Sepúlveda, F y Rajadell, N. 2001). El docente debe hacer distintos tipos de preguntas y no limitarse a preguntas cerradas que solo promueven aprendizaje superficial.  “Mediante el planteamiento de preguntas adecuadas, es el profesor que ayuda a descubrir sus propias respuestas al alumno” (Benito, A. y Cruz, A. 2005). 
  5. Limitarse a las cuatro paredes del aula. El estudiante está en contacto constante con el mundo, bombardeado de información y el aula no puede convertirse en un espacio ajeno a esa realidad. No puede limitarse a trabajar los contenidos de forma descontextualizada. El proceso enseñanza-aprendizaje debe promover la interacción del estudiante con otras personas, con su medio y en espacios profesionales, usando ejemplos, casos y situaciones que acerquen al estudiante al mundo, evidenciando la importancia de su profesión. Esto motiva y promueve el deseo de aprender. Lo que sucede en el aula debe estar conectado con lo que vive el estudiante, debe tener sentido, debe responder a las necesidades e intereses existentes. No dar la espalda al mundo, por el contrario, acogerlo y sacarle provecho a las oportunidades de aprendizaje que el mismo nos brinda. 
  6. Olvidar la retroalimentación al estudiante. El alumno necesita recibir información sobre su desempeño académico con el propósito de mejorarlo en el futuro (Benito, A. y Cruz, A. 2005). Si no se promueve este intercambio entre docente y alumno en el que se busca la mejora continua, el logro de los objetivos y la información justa sobre su trabajo, el alumno se siente desorientado y desanimado. Las expectativas deben estar claras y los criterios establecidos para poder exigir al estudiante, orientándole sobre su desarrollo durante el proceso y no esperar al final cuando no hay nada que hacer y ya el estudiante se siente frustrado.
  7. Mostrar resistencia a la tecnología. En la actualidad el docente debe mostrar una actitud receptiva y abierta al uso de la tecnología. Muchos recursos y herramientas que están disponibles y forman parte de la vida de los estudiantes, pueden ser muy valiosos para el aprendizaje de conceptos, destrezas y el desarrollo de competencias. Tal y como plantean Benito, A. y Cruz, A. (2005), no podemos dejar de pasar la oportunidad de aprovechar las TICs para mejorar la enseñanza. “La introducción de las TICs no es una nueva moda, es una apuesta por la innovación” (p. 103). El estudiante se siente motivado al usar dichos recursos, siempre y cuando se utilicen de forma adecuada, tomando en cuenta que el docente no debe ser sustituido y que sigue siendo el facilitador y guía de este proceso.

 

Referencias:

  • Benito, A. Y Cruz, A. (2005). Nuevas Claves para la Docencia Universitaria. Madrid: NARCEA Ediciones.
  • Biggs, J. (2005). Calidad del Aprendizaje Universitario. Madrid: NARCEA Ediciones.
  • De Miguel, M. (2006). Metodologías de Enseñanza y Aprendizaje para el Desarrollo de Competencias. Madrid: Alianza Editorial.
  • López Noguero, F. (2005). Metodología Participativa en la Enseñanza Universitaria. Madrid: NARCEA Ediciones.
  • Sepúlveda, F. y Rajadell, L. (2001). Didáctica General para psicopedagogos. Madrid: Eds de la UNED. Pags 465-525.
5 febrero, 2015

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